LEÓN BENAVENTE

17 febrero

Moderno no es sólo aquello que sin inmutarse atraviesa el tiempo, sino también lo que cuando por primera vez lo vemos/oímos/leemos nos parece que, incluso siendo totalmente nuevo, siempre hubiera estado ahí. Por ello Bach, Bowie o Heráclito
siempre serán modernos. Y por ello también hay bandas que nada más nacer parece que desde siempre las estuviéramos
esperando: sólo cuando su disco es editado notamos el vacío que había y nos preguntamos cómo podíamos vivir sin ellas.
En esas coordenadas se ubica León Benavente, quienes llegaron para cambiar irreversiblemente las cosas. Así lo demostraron
en el que fuera su disco de debut, León Benavente, aquel milagro que nació sin taras, perfectamente cuajado, armado
con referencias musicales tan bien digeridas que cuando fueron eyectadas ya eran de la banda y sólo de la banda. Ahora,
en el nuevo disco, León Benavente 2, y desde otros lugares, se repite el milagro.

En 2, León Benavente parece haber tomado como divisa el título de una de las más celebradas canciones, “Ánimo Valiente”,
de su primer disco. Si aquel trabajo los puso en la órbita de los más sólidos grupos nacionales, lejos de acomodarse o
de hacer de aquella maravilla una cadena de montaje aparecen ahora con un trabajo sensiblemente más duro en cuanto
a sonido –hasta la 3ª canción no comparecen ecos explícitos del estilo que los encumbró-, y mucho más complejo en sus
letras. Bases rítmicas muy estables, de ecos dark y synth pop, en ocasiones sorprendentemente minimalistas, embuten unas
nerviosas programaciones y secuencias guitarreras cuidadosamente distribuidas en una suerte de pop ruidista a veces,
con lances a la electrónica abstracta y a la mejor canción melódica otras, que hacen de la audición del disco una verdadera
experiencia musical: la certeza de que en tus tímpanos alguien está picando raros caminos. Muy poco en el sonido de 2 es
predecible, ninguna combinación de acordes resulta adiposa, cuando crees que le has cogido la pauta un regate te deja sin
balón; al momento lo ponen de nuevo a tus pies. Quizá por venir sus miembros de conocidas y veteranas bandas, se funden
aquí variadas y en ocasiones antagónicas influencias de la música de los últimos 30 años, quizá también por ello 2 es
como meter en la casa de Gran Hermano al post punk, la electrónica, el krautrock y la tradición cantautora, pero ocurre que,
lejos de pelearse, tiran el guión a la basura, cortan el cable de emisión y se alían para organizar desde allí dentro –un caserío en Andoain- su revolución.

Las letras de 2 no se quedan atrás, el audaz tratamiento textual es otra de las grandes novedades. En lo que podemos
llamar un “after-punk glosado”, extensos recitados que en ocasiones rozan el spoken word se lanzan de modo explícito
a verdaderas declaraciones de intenciones sociales sin perder en ningún momento la cercanía y la poética de la intimidad.
Pero no nos asustemos, León Benavente no llora, grita desde unas posiciones absolutamente contundentes, vitalistas, casi
nietzscheanas. Y es ahí, amalgamado en esas letras, donde el peculiar giro electrónico-ruidista de este disco cobra todo su
sentido.

Si en su primer trabajo ya había brillantes cruces semánticos que nos llevaban a preguntarnos cómo era posible que en
una canción de base rítmica a lo New Order se hablara de Portugal, en 2 tal clase de sorpresas se multiplican hasta lo
indecible, sólo ellos pueden citar al Opus Dei, los Bardem y la Ley Corcuera y salir airosos, o decirnos a la cara “tengo el
país que me merezco”, o resumir la errancia de la nueva clase media en “pequeños pisos en barrios modernos”, o arrancar el
disco aludiendo a la monumental novela La broma infinita. Y no hay vacua provocación ni impostada retórica, sino una sensibilidad que se las arregla para desde una tradición críptica hablar también de lo más tangible, hacer un relato creíble de
cada uno de nosotros: dispara directamente a los ojos. Una poética sin duda sutil, cuajada en la interacción de detalles y
sorprendente en nuestro panorama musical. León Benavente 2 da un paso adelante, hay nuevo sonido, hay
sólida poética. León Benavente sigue siendo imprescindible.

Agustín Fernández Mallo

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